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El Ministerio de Curación

Capítulo 39

El Conocimiento Comunicado por la Palabra de Dios

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LA BIBLIA entera es una revelación de la gloria de Dios en Cristo. Aceptada, creída y obedecida, constituye el gran instrumento para la transformación del carácter. Es el gran estímulo, la fuerza que constriñe, que vivifica las facultades físicas, mentales y espirituales y encauza debidamente la vida.

La razón por la cual los jóvenes, y aun los de edad madura, se ven tan fácilmente inducidos a la tentación y al pecado es porque no estudian la Palabra de Dios ni la meditan como debieran. La falta de fuerza de voluntad firme y resuelta, que se manifiesta en su vida y carácter resulta del descuido de la sagrada instrucción que da la Palabra de Dios. No hacen esfuerzos verdaderos por dirigir la mente hacia lo que le inspiraría pensamientos puros y santos y la apartaría de lo impuro y falso. Son muy pocos los que escogen la mejor parte, los que se sientan a los pies de Jesús, como lo hizo María, para aprender del divino Maestro. Pocos son los que atesoran las palabras de Cristo en su corazón, y que las ponen en práctica en la vida.

Al ser recibidas, las verdades de la Biblia enaltecerán la mente y el alma. Si se apreciara debidamente la Palabra de Dios, jóvenes y ancianos poseerían una rectitud interior y una fuerza de principios que los capacitarían para resistir la tentación.

Enseñen y escriban los hombres las cosas preciosas de las Sagradas Escrituras. Dediquen el pensamiento, la aptitud y el ejercicio de un cerebro perspicaz al estudio de los pensamientos de Dios. Estudien, no la filosofía de las conjeturas humanas, sino la filosofía de Aquel, que es la verdad. Ninguna otra literatura puede compararse con ésta en valor.

La mente terrenal no encuentra deleite en contemplar la Palabra de Dios; mas para la mente renovada por el Espíritu Santo la belleza divina y la luz celestial irradian de las páginas sagradas. Lo que para la mente terrenal era desierto desolado, es para la mente espiritual tierra de corrientes de agua viva.

El conocimiento de Dios tal como está revelado en su Palabra es el conocimiento que debemos impartir a nuestros mitos. Desde el momento en que despunta en ellos la razón, deben familiarizarse con el nombre y la vida de Jesús. Sus primeras lecciones deben enseñarles que Dios es su Padre. Su primera educación debe ser la de una obediencia amante. Léaseles y repítaselas con reverencia y ternura la Palabra de Dios, en trozos apropiados a su comprensión y capaces de despertar su interés. Y sobre todo, hágaseles conocer el amor de Dios manifestado en Cristo, y la lección que de él se desprende:

"Si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros." (1 S. Juan 4:11.)

Aprenda la juventud a hacer de la Palabra de Dios el alimento de su mente y alma. Hágase de la cruz de Cristo la ciencia de toda educación, el centro de toda enseñanza y estudio. Entre en la experiencia diaria de la vida práctica. Así el Salvador vendrá a ser para el joven, su compañero y amigo de cada día. Todo pensamiento será llevado cautivo a la obediencia de Cristo. Con el apóstol Pablo podrá decir entonces el joven:

"Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo." (Gálatas 6:14.)

Un Conocimiento Experimental

Así por medio de la fe el joven llega a conocer a Dios mediante el conocimiento experimental. Probó por sí mismo la realidad de la Palabra de Dios, la verdad de sus promesas. Gustó, y vio que el Señor es bueno.

El amado Juan poseía el conocimiento adquirido por medio de su propia experiencia. Pudo decir:

"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la Vida fue manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo." (1 S. Juan 1: 1-3.)

Así cada uno puede, por su propia experiencia, afirmar "que Dios es verdadero." (S. Juan 3:33.) Puede dar testimonio de lo que él mismo ha visto, oído y sentido del poder de Cristo. Puede atestiguar:

"Necesitaba ayuda, y la encontré en Jesús. Toda falta fue suplida, el hambre de mi alma quedó satisfecha; la Biblia es para mí la revelación de Cristo. Creo en Jesús porque él es para mí el Salvador divino. Creo en la Biblia porque he encontrado que es la voz de Dios que habla a mi alma."

Una Ayuda en el Estudio de la Naturaleza

El que ha adquirido el conocimiento de Dios y de su Palabra mediante la experiencia personal está preparado para emprender el estudio de las ciencias naturales. De Cristo está escrito: "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres." (S. Juan 1:4.) Antes de caer en pecado, Adán y Eva en el Edén estaban envueltos en clara y hermosa luz, la luz de Dios, que iluminaba todo aquello a lo cual se acercaban. Nada obscurecía su percepción del carácter o de las obras de Dios. Pero cuando cedieron al tentador, la luz se apartó de ellos. Al perder las prendas de santidad, perdieron la luz que hasta entonces había iluminado la naturaleza, y ya no podían leer en ésta con provecho. Ya no podían discernir el carácter de Dios en sus obras. Así también hoy el hombre por sí mismo es incapaz de leer debidamente las enseñanzas de la naturaleza. Si no lo guía la sabiduría divina, el hombre exalta la naturaleza y sus leyes y las sobrepone al Dios de la naturaleza. Por esto las meras ideas humanas respecto de la ciencia están tan a menudo en contradicción con la enseñanza de la Palabra de Dios. Mas para los que reciben la luz de la vida de Cristo, la naturaleza vuelve a iluminarse. En la luz que brilla desde la cruz podemos interpretar acertadamente la enseñanza de la naturaleza.

Quien conoce a Dios y su Palabra mediante la experiencia personal tiene fe arraigada en la divinidad de las Sagradas Escrituras. Ha comprobado que la Palabra de Dios es verdad, y sabe que la verdad no puede contradecirse nunca. No aquilata la Biblia por las ideas que los hombres tienen de la ciencia, sino que somete más bien estas ideas a la prueba de la autoridad infalible. Sabe que en la ciencia verdadera no puede haber nada contrario a la enseñanza de la Palabra; puesto que ambas proceden del mismo Autor, la verdadera comprensión de ambas demostrará que hay armonía entre ellas. Todo lo que en la llamada enseñanza científica contradiga al testimonio de la Palabra de Dios no es más que suposición humana.

A quien así estudie, la investigación científica le abrirá dilatados campos de pensamiento y de información. Al contemplar las cosas de la naturaleza obtendrá una nueva percepción de la verdad. El libro de la naturaleza y la Palabra escrita se iluminan recíprocamente. Ambos hacen que el estudiante conozca mejor a Dios al instruirle acerca del carácter de él y acerca de las leyes por medio de las cuales obra.

La Experiencia del Salmista

La experiencia del salmista es la que todos pueden adquirir al recibir la Palabra de Dios por medio de la naturaleza y de la revelación. Dice:

"Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo." "Jehová, hasta los cielos es tu misericordia; tu verdad hasta las nubes. Tu justicia como los montes de Dios, tus juicios abismo grande.... ¡Cuán ilustre, oh Dios, es tu misericordia! ... Los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.... Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias. Porque contigo está el manantial de la vida: en tu luz veremos la luz." "Bienaventurados los perfectos de camino; los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan." "¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra." "Escogí el camino de la verdad; he puesto tus juicios delante de mí." "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti." "Y andaré en anchura, porque busqué tus mandamientos." "Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley." "Tus testimonios son mis deleites, y mis consejeros." "Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y plata." "¡Cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación." "Maravillosos son tus testimonios: por tanto los ha guardado mi alma." "Cánticos me fueron tus estatutos en la mansión de mis peregrinaciones." "Sumamente acendrada es tu palabra; y la ama tu siervo." "El principio de tus palabras alumbra; y eterno es todo juicio de tu justicia.." "Viva mi alma y alábete; y tus juicios me ayuden." "Mucha paz tienen los que aman tu ley; y no hay para ellos tropiezo. Tu salud he esperado, oh Jehová; y tus mandamientos he puesto por obra. Mi alma ha guardado tus testimonios, y helos amado en gran manera." "El principio de tus palabras alumbra; hace entender a los simples." "Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos; porque me son eternos. Más que todos mis enseñadores he entendido: porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos." "De tus mandamientos he adquirido inteligencia: por tanto he aborrecido todo camino de mentira.." "Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; porque son el gozo de mi corazón." (Salmos 92: 4; 36: 5 - 9; 119: 1, 2, 9, 30, 11, 45, 18, 24, 72, 97, 129, 54, 140, 160, 175, 165 -167, 130, 98 -100, 104, 111.)

Revelaciones más claras de Dios

Es nuestro privilegio elevarnos más y más en busca de revelaciones más claras del carácter de Dios. Cuando Moisés oró diciendo: "Ruégote que me muestres tu gloria," el Señor no le desatendió, sino que le concedió lo que le pedía. Dios declaró a su siervo: "Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti." (Exodo 33: 18, 19.)

El pecado entenebrece nuestras mentes y ofusca nuestras percepciones. Cuando el pecado es eliminado de nuestro corazón, la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, que ilumina su Palabra y es reflejada por la naturaleza, declarará en forma más y más cabal que Dios es "misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad." (Exodo 34:6.)

En su luz veremos luz, hasta que la mente, el corazón y el alma estén transformados a la imagen de su santidad.

Para quienes así se afirman en las divinas seguridades de la Palabra de Dios, hay maravillosas posibilidades. Ante ellos se extienden vastos campos de verdad, vastos recursos de poder. Cosas gloriosas serán reveladas. Se les manifestarán privilegios y deberes que no sospechaban en la Biblia. Cuantos anden por el sendero de la humilde obediencia, cumpliendo el propósito de Dios, sabrán más y más de los oráculos divinos.

Tome el estudiante la Biblia por su guía, permanezca firme en los principios, y entonces podrá aspirar a alcanzar cualquier altura. Todas las filosofías de la naturaleza humana han venido a parar en confusión y vergüenza, siempre que no han reconocido a Dios como el todo en todo. Pero la preciosa fe inspirada por Dios comunica fuerza y nobleza de carácter. Al espaciarse en su bondad, su misericordia y su amor, la percepción de la verdad será cada vez más clara; el deseo de la pureza de corazón y de la claridad de pensamiento será también más elevado y santo. Al morar el alma en la atmósfera pura del pensamiento santo, se transforma por su comunión con Dios mediante el estudio de su Palabra. La verdad es tan amplia, de tanto alcance, tan profunda y tan ancha, que el hombre se anonada. El corazón se enternece y se rinde a la humildad, la bondad y el amor.

Las facultades naturales también se amplían como resultado de la santa obediencia. Por el estudio de la Palabra de vida los que a él se dedican verán sus mentes dilatarse, elevarse y ennoblecerse. Si, a semejanza de Daniel, son oidores y hacedores de la Palabra de Dios, adelantarán como él adelantó en todos los ramos del saber. Siendo de limpio entendimiento, llegarán a ser hombres de vigorosa inteligencia. Todas las facultades intelectuales se avivarán. Podrán educarse y disciplinarse de tal manera, que cuantos entren en la esfera de su influencia verán lo que puede ser y hacer el hombre cuando se relaciona con el Dios de sabiduría y poder.

La educación de la vida eterna

Nuestro trabajo en esta vida es una preparación para la vida eterna. La educación empezada aquí no se completará en esta vida, sino que ha de continuar por toda la eternidad, progresando siempre, nunca completa. La sabidurías el amor de Dios en el plan de la redención se nos revelarán más y más cabalmente. El Salvador, al llevar a sus hijos a las fuentes de aguas vivas, les concederá ricos caudales de conocimiento. Y día tras día las maravillosas obras de Dios, las pruebas de su poder en la creación y el sostenimiento del universo, se manifestarán a la mente en nueva belleza. A la luz que resplandece del trono, desaparecerán los misterios, y el alma se llenará de admiración ante la sencillez de las cosas que nunca antes comprendiera.

Ahora vemos por espejo, obscuramente; mas entonces veremos cara a cara; ahora conocemos en parte; mas entonces conoceremos como somos conocidos.